13.10.08

Copiar. Pegar.




Hoy al parecer están logrando su efecto las medidas concertadas de los países europeos, más Estados Unidos, para frenar la hecatombre financiera que estalló a mediados de septiembre pasado. Y es que la crisis del crédito subprime que comenzó bajo la administración Bush pronto comenzó a derramarse por el resto del globo. El modelo de créditos accesibles a personas financieramente riesgosas parece que no dio los frutos que se esperaban, y, además, no era sustentable en el tiempo. Los créditos subprimes son aquellos préstamos que las instituciones bancarias y comerciales otorgan a personas de escasa solvencia, para aumentar el tamaño del mercado y obtener, así, mayor presencia en el mismo. La idea original surgió en los años 1980, cuando la institución del crédito se consolidó en muchos países occidentales. Así, una persona que ganase un sueldo mínimo podría adquirir bienes y servicios de consumo, los cuales podría pagar en una cantidad de cuotas proporcional a su capacidad de pago, extendida en el tiempo. El problema surge cuando este tipo de créditos se amplía al sector inmobiliario. Parte de la sobrevaloración de los bienes raíces en Estados Unidos surgió tras la crisis de las "empresas punto com" (a comienzos de la década del 2000), cuando muchas de estas empresas quebraron, y el capital que las mantenía se dirigió a sectores considerados más seguros, como los bienes inmuebles. Entonces muchos ven una enorme oportunidad de negocios, y deciden ampliar el mercado oferente de casas y departamentos a personas que en la realidad no podrían pagarlos. Ayudó mucho a esto la excesiva reducción de impuestos y la baja brutal en las tasas de interés, dando una sensación de seguridad a las personas para adquirir deudas. Pero la realidad pronto dio cuenta de la ingenuidad... y en 2007 comienzan a surgir problemas por el incumplimiento de los pagos de hipotecas, que convergió en el gran problema: la falta de dinero en los bancos e instituciones prestamistas. Sin dinero fresco, los bancos no podrían otorgar nuevos créditos, y el mercado se detiene. Todo estalla en septiembre, cuando este estancamiento se vuelve epidémico en la banca estadounidense...

Uno de los grandes errores de la humanidad ha sido el concebir a la economía desde el punto de vista ideológico, y esto lo comprueba. La extrema derecha americana, defensora acérrima de la escuela monetarista de Milton Friedman, llevó al país del norte al precipicio donde está ahora, tal como la extrema derecha chilena llevó a Chile a la crisis del año 1982, cuando sucedió lo mismo que ahora pasa en EE.UU. Uno de los desafíos más grandes del siglo XXI es el estudio científico de la economía, de sus variables, de su comportamiento y, sobre todo, de la capacidad predictiva y regulatoria que se pueda lograr con su comprensión. Hasta ahora, las políticas económicas de Occidente han sido sólo una tarea de copiar los modelos que se crean entre las cuatro paredes de alguna exótica universidad americana. Pero al copiar, nos pegamos también los efectos indeseados de planes mal creados. Pensemos en nuestro caso, en nuestro mercado subprime de las tiendas del retail chileno. ¿Cuánta gente de escasos recursos está endeudada con las tarjetas de supermercados o grandes tiendas? Es cosa de tiempo saber cuándo nuestra burbuja estallará.

Quizás esta crisis de las tesis del monetarismo puro signifiquen la muerte del siglo XX. La ideología contraria ya murió a fines del siglo pasado, con la caída de los regímenes de la órbita soviética. Ahora le tocó el turno al motor ideológico americano. A continuación, un excelente análisis de la crisis subprime.