
Surgió la noticia como rumor la semana pasada, y fue confirmado este fin de semana reciente: la cadena del retail chileno D&S está en negociaciones concretas con el gigante norteamericano Wal-Mart para el desembarco de éste último en Chile. Las acciones en la Bolsa de "Líder" subieron como la espuma hace unos días, antes de saberse este notición (motivo por el cual la Superintendencia de Valores y Seguros está iniciando una investigación para dilucidar si existió uso de información privilegiada), y no es para menos: Wal-Mart es un verdadero imperio de los supermercados en Estados Unidos, con un sistema de compra a proveedores un tanto cuestionable que permite competir ventajosamente al ofrecer precios bajísimos de los productos a los consumidores. Las autoridades chilenas, desde el Ministerio de Hacienda hasta académicos del área económica, alaban esta decisión comercial, que, según ellos, beneficiará a los chilenos al ofrecer mayor competencia en el área de la oferta de consumibles. Esto es muy cierto en la realidad de un mercado del tamaño del estadounidense, donde un universo de más de 300 millones de consumidores da el suficiente espacio comercial para la competencia de un número respetable de oferentes, pero en nuestra población de cerca de 16 millones de personas, con una renta per cápita que es un cuarto de la americana, la competencia desaparece pronto para convertirse en un paraíso de los monopolios. Veamos otras ideas importadas, como las ISAPRES y las AFP, cuántas habían en un principio y cuántas hay ahora. La competencia real puede desarrollarse en una ecuación relacionada entre el tamaño de la masa de demandantes y la reglamentación de las relaciones entre oferentes, tomando en cuenta el "dilema del prisionero", desarrollada a mediados del siglo XX. Todo esto para evitar colusiones y carteles, como lo que hemos visto entre las farmacias SalcoBrand, Ahumada y Cruz Verde. Lamentablemente nuestro país es una incubadora de monopolios naturales, dado lo pequeña de nuestra población y lo mal educada que está en cuanto a consumidores, y la regulación no acompaña mucho, puesto que la actual es casi la misma que se creó en plena dictadura militar, donde el ánimo de los asesores económicos de Pinochet era atraer la mayor cantidad de inversión extranjera posible dándole "facilidades" que no encontrarían en ninguna otra parte. Pero la realidad ha cambiado, no así las leyes regulatorias. Y con lo que estamos viendo en Estados Unidos, vaya que es importante tener una buena regulación de los mercados, no sólo financieros, sino también de los tangibles.
Seguramente cuando recién la marca Wal-Mart comience a reemplazar al logotipo "Líder", veremos precios bajísimos, con el afán de posicionar socialmente a la empresa en el inconsciente colectivo, pero en un corto plazo, y sin darnos cuenta, los precios comenzarán a subir, puesto que como no tendrán competencia real, ellos y no los consumidores establecerán lo que es bueno en cuanto a precios, porque sabrán cómo quieren en Chile al amigo cuando es forastero (siempre y cuando tenga plata y reconocimiento). Sin modernizar racionalmente la legislación nacional económica, seguiremos viendo usos indebidos de información privilegiada y abusos de la tendencia nacional hacia los monopolios naturales.
2008 J.R. Montero




1 opiniones:
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